martes 17 de marzo de 2009

El retorno al dolor - Veredicto y sentencia (VII)



Músculos en tensión, mis pulmones arden y gritan suplicando por un respiro, las diferentes heridas por mi cuerpo lloran con el néctar de la vida, mis manos se aferran con gran fuerza a la empuñadura de la espada por miedo a que resbale por el sudor que escapa por cada parte de mi piel haciendo también que varios mechones de mi pelo quede pegado a mi cara y me impidan una visión completa. Aún a pesar de encontrarme cerca de caer rendido al agotamiento, mi orgullo y mi deseo de venganza me obligaba a mantenerme en pie, sin dejar de atender al mínimo movimiento del bastardo que se erguía también a duras penas frente a mí y cuyo rostro consumido por el cansancio y la rabia no dejaba tampoco de condenarme con la mirada. Su aspecto correspondía a la mayoría de los humanos con los que me había encontrado y eso me repugnaba aún más; una barriga descuidada y en cuya armadura se podían apreciar salpicaduras, seguramente de su popular cerveza, una abundante barba dejada a su libre albedrío que caía más allá de su garganta, una cabeza despejada de pelo por la zona central y rodeada por unos mechones finos que caían a la altura de sus orejas y sobre todo una forma física que reflejaba su poco ejercicio, aún así en sus ojos brillaba la señal de la experiencia y por ello no quise confiarme.

Tras de mí, se encontraban Thylanka y los demás resistiendo los asaltos de los guardias en uno de los portones laterales al gran salón principal donde Thuregor desempeñaba sus principales funciones, al otro lado y en solitario, mi hermana se encontraba casi en trance moviendo y contorsionando su cuerpo en posturas imposibles siguiendo el ritmo de su danza de la muerte, el filo de sus armas de puño realizaba grandes trazos en el aire y cortinas de sangre saltaban y salpicaban ahogando los diferentes gemidos de dolor de sus víctimas. En los ojos de sus adversarios se podía adivinar el terror que producía el sentimiento de frustración de no poder siquiera alcanzar a tocar uno de sus dorados cabellos, aunque conocía bien la forma de pelear de Shilvara desde bien pequeños y era consciente que sus reflejos estaban muy mermados ya por el largo combate y no podría soportar mucho más las embestidas enemigas. Aspiré profundamente y empecé a recordar de nuevo los delicados rizos pelirrojos de mi amada, muerta por los esbirros de este miserable humano; mi rabia iba en aumento de forma descontrolada pero a diferencia de la mayoría de las veces me envolví por su cálido y tentador abrazo, había esperado este momento con gran ansiedad y no quería fracasar ahora, me entregué totalmente a ese grito que de nuevo crecía en mí invitándome a saciar esa sed de sangre, mi visión se empezó a nublar y al instante volvió a suceder...

-Ser'jerath etjhü t'amh Yhinîar!!!

...un grito con una voz gutural salió de mi boca sin haber deseado pronunciarlo, me movía sin ser dueño de mis acciones acompañadas de una especie de rugidos, de nuevo esa sensación de ser espectador de mi propio cuerpo. Embestí de frente sin atender a ninguna de las precauciones características de mi sistema de combate, con la espada en alto por encima de mi cabeza preparando un golpe temible, Thuregor me esperaba con una sonrisa seguramente producida por pensar que había conseguido hacerme perder la paciencia, mi espada empezó a caer a una velocidad vertiginosa y el humano se apartó en el último momento haciendo que la mesa que se encontraba detrás de ella se partiera por el potente golpe de mi espada, incrustándose en el suelo de madera y dejándome desarmado. Thuregor aprovechó mi error y lanzó un corte horizontal con su larga arma de asta coronada por una enorme hoja serrada buscando mi cintura, pero mi cuerpo dio un rápido salto hacía mi enemigo para evitar el mortal filo pero provocando que en vez de ello recibiera un doloroso golpe con el asta que me empujó de modo violento hasta la dura pared, aunque yo sintiera todo el intenso dolor lo que fuera lo que me dominaba no parecía verse afectado y apoyando la mano para impulsarme, me lancé encima del ahora sorprendido humano que no tuvo tiempo de volver a una posición defensiva, recibiendo mi furioso placaje y cayendo ambos al suelo.

El combate que se desarrolló a partir de entonces parecía más la supervivencia entre dos animales furiosos que la pelea entre los dos caballeros que debería haber sido; puñetazos, cabezazos, golpes bajos, escupitajos y maldiciones dominaron el enfrentamiento, una sensación cálida y húmeda empezó a hacerse notar en mi pierna y descubrí que un puñal estaba clavado profundamente y la mano que la empuñaba la removía de un lado a otro para provocar el mayor daño posible, pero no era una mente racional lo que guiaba mi ser ahora mismo y en vez de perder la concentración un potente golpe con mi zurda impactó en la mandíbula del humano, la cual profirió un seco crujido y de cuya boca saltaron varios dientes y un chorro de sangre. Entregado del todo al objetivo de destrozar mi oponente, le agarré del hombro contrario con mi otra mano y le volví a golpear de nuevo con todas mis fuerzas, con un rodillazo súbito se zafó de mi presa y me apartó a un lado, pero algo en mí me decía que ya apenas le restaban fuerzas para resistir mucho más y volví a saltar sobre él empujándole sobre la pared más cercana a la altura de los hombros para impedir que se cubriera y apretando con furia los dientes empezó a recibir una lluvia de puñetazos por todo su cuerpo. Mis palabras volvieron a resultarme conocidas y empecé poco a poco a recuperar mi control, aproveché el momento para consumar mi venganza.

-¡Ésta por ser un bastardo sin escrúpulos!-Le golpeé en el centro de la cara notando como su nariz se partía en otro crujido seco.

-¡Ésta por la gente inocente que has matado por tu avaricia y sed de poder! -La mayor parte de sus dientes saltaron mezclados con sangre al recibir un potente puñetazo en su boca.

-¡Y Esta miserable cabrón... ésta....!-Toda mi frustración al recordar de nuevo el cuerpo inerte de mi amada, mi pesar, mi odio se concentró en furia, cogiendo aire tras echar atrás el puño para impulsar más aún, lancé el golpe definitivo acompañado de un grito de pura ira-... ¡¡Por mi amada, a quien le arrebataste la vida y que con ella se fue todo lo bueno que había en mí!!, -Con un sonido marcado por la rotura del cráneo, mi guantelete metálico impactó en su sien con gran violencia, saltando una gran cantidad de sangre que incluso me salpicó en la cara.

-Púdrete en el infierno y dile al diablo que fuí yo quien te envió, junto al resto de escoria como tú que se ha interpuesto en mi camino.

Solté mi mano de su hombro y su cuerpo cayó flácido y carente de vida al suelo, empezando a formarse un charco de sangre del cual me aparté escupiendo repugnado... y de repente una sensación extraña se apoderó de mí, mezcla de una especie de paz y de tremendo agotamiento, mi vista se empezó a nublar y notaba como mis cuerpo comenzaba a temblar y sentir un escalofrío mientras veía como las paredes se movían y una oscuridad me envolvía...

...Desperté con una mano suave acariciando mi rostro, al abrir los ojos pude ver otros grandes y verdes que me miraban con expresión preocupada, al empezar a recuperar de nuevo la visión pude comprobar que era Shilvara y le dediqué una sonrisa para expresarle que estaba bien. Me incorporé aún dolorido y tremendamente cansado para inspeccionar el lugar donde nos encontrábamos, un pequeño claro entre unas arboledas de fresnos, el resto de los refugiados se encontraban cerca, cuidándose las heridas tras la batalla.

-¿Te encuentras mejor hermanito?, me has tenido bastante asustada la verdad. Descansa un poco y tranquilo, cuando su líder cayó muchos huyeron como ratas cobardes y pudimos escaparnos, estamos a salvo ahora mismo.

-Sí... creo que no tengo nada roto y mis heridas las terminaré de cicatrizar cuando recupere un poco el alien...

-No me refería a eso cabeza hueca -la miré con un atisbo de duda-, vamos Sergestus, ¿de verdad no sabes a lo qué me refiero?

-Francamente no Shilv, ayúdame un poco.

-Serge, aún cegado por todo lo que te ha pasado desde tu regreso a casa, ¿no has tenido la sensación en todo momento de recordar acontecimientos, sentir sensaciones y en general tener pensamientos que fueran ajenos a tí?

-Pues... -la incertidumbre me bañaba en todo mi ser-... debo confesarte que sí.

-"Yrigrathia Thuïs Khanän", ¿te suena hermano?, lo llevas grabado en la espada y tiene un significado mayor que el de ser un recordatorio de nuestra familia. Debido a la naturaleza de nuestra fallecida madre poseemos una característica algo peculiar entre otras, una vez alcanzamos la edad adulta y despierta lo que hay en nuestra sangre somos capaces de vincularnos a nivel espiritual y, como hermanos, nuestro lazo es mucho mayor. Esas imágenes que aparecían en tu mente no eran más que mis pensamientos, mis sentimientos y mis temores compartidos, de igual modo yo he sido testigo de todo cuando has sufrido desde el instante que tu don apareció tras el shock producido al conocer la noticia de la muerte de nuestros padres. Ahora entiendes el motivo de decirte que siempre he estado a tu lado aunque no lo supieras, ¿verdad?, Serge, conozco las turbaciones que te atormentan y créeme cuando te digo que estás llevando una carga demasiado grande, no eres culpable del modo que se mueven los hilos del destino.

-Pero he hecho tantas cosas terribles... he causado tanto dol...

-Sólo actuaste movido por el dolor, deseando el modo de aliviarlo. No fue la opción más correcta viniendo de un fanático religioso como los de tu orden la verdad, pero comprende que las motivaciones que te condujeron a elegir de ese modo tampoco no eran demasiado agradables. Y en serio ya de una vez, deja de castigarte o tendré que golpearte en esa dura cabezota que tienes -una media sonrisa acompañaba sus palabras, ocultando en parte su preocupación por mí, tras fijarme mejor vi que tenía un brazo muy pegado al cuerpo, dándome a entender que necesitaba atención-.

-Shilv, déjame ver ese brazo, tiene mala pinta.

-No, no, estoy bien en serio, no te preocup...

-Shilvara, acepto que quieras ayudarme y te lo agradezco muchísimo, pero necesito que aceptes mi ayuda también, deja que me sienta útil para varia, ahora veamos ese brazo -lo moví un poco y comprobé en su expresión que le dolía mucho-. Creo que tienes algo roto, sólo necesito algo de concentración...

Comencé a suplicar por el divino poder de La Luz Sagrada, orando por recibir su favor y cuando comencé a sentir el torrente de pura energía recorrer mi cuerpo la empecé a canalizar hacia mi hermana, sanando sus heridas y contusiones aunque muy poco a poco, hacía largo tiempo que había dejado de lado el camino de las artes de sanación y requería toda de mi concentración para llegar a curar hasta la más mínima herida, en las graves era casi un sacrificio por mi parte y acababa totalmente exhausto. Tras un rato conseguí aliviarle el dolor, sus huesos estaban de nuevo sanos pero aún necesitaría algo de reposo para que se curase del todo, dejé escapar el aire por el cansancio y las manos de mi hermana buscaron mi rostro para levantarlo y mirarme fijamente, sin necesidad de palabras capté de sus pensamientos que se alegraba de verme, me besó en la frente con toda la ternura que una hermana podía expresar y me abrazó con todas sus fuerzas, volviendo a aparecer en mi mente el reflejo de sus sentimientos [i]"Papá y mamá estarían orgullosos de ti, al igual que lo estoy yo y no voy a dejar que te abandones a tus miedos, te acompañaré a donde vayas, quiero estar segura que estás bien y no acepto un no por respuesta o vas a saber de verdad lo que es el dolor"[i].

-Esto me recuerda que ahora mismo no tengo a donde ir, mi vergüenza me impide volver a Orgrimmar y es el único hogar que conozco aparte de la escuela de caballeros -Thylanka cojeando hacia nosotros, su larga cola se movía de un lado a otro y se tensaba cada vez que apoyaba la pezuña izquierda, la que parecía tener dolorida-.

-No he podido evitar escuchar este último comentario joven elfo y quisiera pediros un favor vista vuestra habilidad y valor. Durante nuestro cautiverio pude escuchar que existe otro centro de retención debido al gran número de asaltos realizados por Thuregor, éste se encuentra en los desiertos de Tanaris y está controlado por los piratas y otros bucaneros. Parece que allí enviaban a los futuros esclavos y destinados a la diversión. Tampoco tenemos un lugar donde ir y no podría permitir seguir con la conciencia tranquila sabiendo que hay quienes no han tenido la suerte de escapar como nosotros, ¿querríais acompañarnos?

Una gratificante sensación creció en mi interior, algo que pensaba que había olvidado por las dudas que atenazaban mi corazón volvió a aparecer, haciendo que sin darme cuenta una sonrisa se dibujara en mi cara, era parte de mi orgullo herido el que hacía florecer la esperanza de la redención en mí. Un codazo de complicidad de Shilvara me recordó que compartía mi sentimiento y me invitaba a aceptar, fue ella quien se adelantó a mi respuesta.

-Podéis contar con nosotros Tauren, mi hermano irá aunque tenga que llevarle tirándole de sus orejotas, largas como la lengua que tiene cuando lo desea. Tendremos que enseñarles modales a esos bárbaros y explicarles otros modos de diversión, si son capaces de contener la sangre de sus cuerpos cuando les apuñale.

Sin decir nada más, acepté el nuevo abrazo de mi hermana mientras contemplábamos el atardecer que finalizaba el día, el mañana nos traía un nuevo destino y una oportunidad para reparar mi alma rota. Sí... acompañaría a estos extraños que irónicamente compartían mi misma suerte, exiliados de su hogar en busca de una respuesta a la pregunta de su vida pero guiados por el anhelo de ayudar a los demás... tal vez fuera posible recuperar parte de lo bueno que un día llegué a considerarme.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada