viernes 26 de diciembre de 2008

El retorno al dolor - El fin justifica los medios (V)



Existen muchos conocimientos en el camino del caballero, unos son básicos y por ello instruidos desde los inicios por los maestros como el saber leer y escribir, otros sólo son alcanzables para aquellos que muestran una verdadera entrega y para que mentir, la madera para ser dignos de aprenderlos, por último, ciertas lecciones que sólo se enseñan para no ser usadas jamás, pues las facciones más conservadoras las llegan a tachar de rozar lo infame y sólo se enseñan para ser conscientes de a donde pueden llevar los senderos oscuros de la corrupción y por ende, lo que hay que evitar.

En particular, una de esas lecciones que se enseñan para ser olvidadas es la de simular el abandono del alma de un cuerpo, mediante unas precisas oraciones que reprenden a la víctima del proceso, hacen creer a la mente que su vida está al borde del abismo y que debe desvincularse de su esencia, consiguiendo así establecer una comunicación con dicha alma en un idioma universal que no necesita palabras ni sonido alguno, la única pega es que el objetivo del ritual sufre una indescriptible agonía pues hay que convencer a la mente que se está sufriendo de verdad un dolor atroz y no se aseguraba que la mente luego pudiera resistir el shock. Lógicamente y tratándose de un miserable humano, ni me importaba hacer uso de este sistema ni de todo el dolor que pudiera causarle ya que el fin en este caso, justificaba los medios.

Fue una mañana larga, pues el maldito humano se aferraba a su miserable vida más de lo que creía y bueno, siendo la primera vez que empleaba este recurso era normal que se me resistiera un poco más de lo debido pero al fin, pude ver como sus ojos se tornaban vacíos de vida y su esencia eterna empezaba a separarse de sus restos mortales, anhelando el descanso... que no iba a encontrar aún pues se trataba de una falsa muerte. Conseguí descubrir que ese tal Thuregor era en realidad un ex-capitán de las tropas de asalto de la ciudad de Ventormenta, que fue condenado a exilio por sus artes crueles en la guerra exentos de toda humanidad, además de matar a todas las prostitutas tras realizar sus servicios de modo grotesco, todo un encanto de ser. Actualmente residía en una antigua fortaleza abandonada en Costa Oscura donde se dedicaba a reunir a otra escoria similar prometiéndoles tierras, saqueos y otras gentilezas dignas de elogio, y parecía que de verdad estaba consiguiendo una fuerza considerable. Además, por lo que me pudo transmitir el alma, tenía la sensación que Thuregor estaba reuniendo esta legión para devastar Orgrimmar y así conseguir de nuevo el favor de los que le conderaron.

No me hizo falta saber más para conocer que tipo de calaña era este individuo, detuve el ritual para obligar a regresar el alma a su cuerpo y dejé al ahora tembloroso rufián en el suelo, con claros síntomas de sufrir algún tipo de trastorno por lo sufrido, bueno, en empresas como ésta siempre hay que considerar daños colaterales, así que lo abandoné a su suerte sin importarme en absoluto su suerte.

Tras darme un baño para quitarme los restos de sangre y revisar si alguna de sus ropas podría serme de utilidad, me agencié un par de camisones y pantalones que me resultaron menos horrendos que el resto, pero que me servirían para hacerme un apaño, aparte, recuperé de su botín una elegante espada corta con motivos Sin'dorei que me ajusté al cinto por si la pudiera necesitar. Me sentía en parte como si estuviera saqueándolos yo a ellos, pero me limpié la conciencia pensando aquello de "Quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón". Monté sobre Khyr'Atod, que siempre esperaba con lealtad mi presencia y continué mi viaje con más cosas que pensar y planear, pero con una cosa clara, iba a ser divertido acabar con ese humano.

Mientras cabalgaba, no pude evitar pensar en todos mis compañeros que intentaron convencerme de quedarme, prometiendo que me ayudarían a calmar mi dolor y encaminar de nuevo mi vida... a veces deseaba dejarme llevar por esa filosofía, "El pensamiento Recio", la búsqueda de la paz sin necesidad de la guerra... pero el odio que había en mí sólo me hacía pensar en eso como palabras vacías, necesitaba venganza. El rostro de mi amada volvió a aparecer en mi mente y por un instante fugaz, pude sentirme consolado, pero el siguiente momento fue de nuevo de melancolía y tristeza, sólo era el recuerdo de lo que fue y pudo haber sido, apartado de la realidad por las crueles circunstancias que hicieron que una parte de mi se fuera con ella.

Una sensación extraña me hizo volver en mí de nuevo, una especie de temblor que sacudía todo alrededor, ¿un gigante?, ¿un dragón?, ¿un terremoto?, no sabía que era capaz de provocar aquello y pronto mis preguntas obtuvieron respuesta, a lo lejos una gran nube de polvo crecía en el horizonte y señalaba que se aproximaba hacia mi posición, concentré mi aguda vista y contemplé un espectáculo sobrecogedor; un ejército que marchaba con caballos de guerra ataviados con pesadas armaduras, largas picas, catapultas y otras armas de guerra, numerosos estandartes con un puño plateado ondeando en ellos.

De pronto me dí cuenta que debía tomar una decisión muy importante, o abandonar mi misión para regresar a toda prisa a advertir a todos los que se encontraran en su camino hasta Orgrimmar, salvando así incontables vidas inocentes... u ocultarme a la espera que se alejaran sin advertir mi presencia... y aprovechar que toda esa multitud abandonaba las tierras de Thuregor, dándome así la oportunidad perfecta de acabar con él sin tener en cuenta su ejército.

La sombra del odio volvió a envargarme, mi conciencia me gritaba para que regresara y ayudara como pudiera, pero ella estaba en mi cabeza de nuevo, mi dulce, estirada en el suelo mientras su aún cálida sangre se extendía por el suelo, me maldije por la resolución egoísta que acababa de tomar, pero supe que era lo que de verdad quería hacer, comprendía que nada ni nadie se interpondría en mi camino hasta mi venganza....

...pero no pude evitar, con lágrimas en los ojos, contemplar como todos esos humanos marchaban hacia una guerra que reclamaría vidas que yo hubiera podido salvar, no pude eludir el acoso de esa parte de mi que ahora ya sólo era el recuerdo de lo que fuí, el último rastro de bondad se desvanecía junto al polvo que levantaban esas tropas enemigas... mi dulce... te vengaré aunque sea mi alma la que caiga en ello....

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