
Como respuesta a mi silbido, Khyr'Atod apareció galopando desde quién sabe donde con la majestuosidad que le caracterizaba, un orgulloso corcel de batalla que indicaba que su dueño había conseguido terminar con éxito la instrucción en el camino para convertirse en un caballero de la Luz Sagrada. Nadie sabía decir qué era lo que les concedía una especie de inteligencia superior, tanto para mantenerse al margen del peligro cuando su jinete lo requería como para saber permanecer a una distancia exacta para acudir al instante al lado de su dueño, definivamente los Khyr, la raza de caballos elegida por los caballeros, eran una estirpe única y realmente admirada. Otro silbido sonó a mi lado y un poderoso aullido que hizo volar a incontables aves señaló que Kradath, el inmenso Lobo que le entregaron los orcos a Shilvara en honor a sus padres y usaba como montura, corría con su aspecto feroz hacia su dueña. Shilvara me miraba con una ceja enarcada y mostrando una media sonrisa de orgullo, siempre había existido cierta rivalidad entre nosotros por destacar en muchas cosas y yo no pude hacer otra cosa que girar mi cabeza y mirar a otro lado como si no hubiera apreciado su gesto provocador. Khyr'Atod se detuvo justo a un palmo de mi mano extendida para que pudiera acariciarle el hocico y juguetear con su crin, que tanto le encantaba.
-¡Noooo Kradath, paraaaaaaaaahhhhhhh!-Giré justo a tiempo mi rostro para ver como la enorme criatura de pelo negro se abalanzaba con sus dos patas delanteras sobre mi hermana, cayendo sepultada por su enorme peso y quedando totalmente atrapada mientras el lobo empezó a lamerle toda la cara en actitud cariñosa, ahora es cuando no pude reprimir yo una carcajada con la situación tan cómica.
-Hahaha hermana, veo que sigues teniendo buena mano para enseñarle modales a todo lo que te rodea, estoy pensando en prestarte a Khyr'Atod una temporada para que lo pongas en el buen camino.
-Maldita bestia estúpid... ¡ags, deja de lamerme la cara!... aparta tus sucias patas y déjame levantarme, te voy a despellejar vivo y voy a hacerme una alfombra con tu piel... nooo en la boca nooo, puaaaag., ¡y tú, en vez de poner esa cara de idiota podrías ayudarme a quitarme esta bola de pelos de encima!.-Kradath se apartó al fin y se sentó sobre sus patas traseras con la lengua fuera y mirando fijamente a Shilvara, que intentaba recuperar parte de su dignidad limpiándose el polvo y barro. Un carraspeo sonó a nuestra espalda, era Thylanka plantada con actitud impaciente.
-No os quisiera importunar pero deberíamos pensar en ponernos en marcha, he hablado con Sandulf y acompañará a Atheriel hasta Orgrimmar pues piensa que es demasiado peligroso para una simple aprendiz y no desea que vaya sola, dice que nos intentará alcanzar una vez esté sana y salva. He enterrado el cuerpo de mi compañero Raoden -una sombra de tristeza cruzó nuestro rostro al recordar la caída del Renegado luchando contra la guardia de Thuregor- y yo ya me encuentro lo bastante recuperada para emprender el viaje.
-Dama Thylanka, ehmmm, no quisiera molestaros con mi comentario pero dudo mucho que ninguna de nuestras monturas pudiera... esto... no quisiera decir en ningun momento nada malo respecto a vuestro físico... sólo que vuestra raza, bueno, no se si me comprendeis. -Carraspeé incómodo, nunca me gustaba encontrarme en la situación de evidenciar algo a una mujer, por muy Tauren que fuera-.
La enorme Tauren clavó su mirada en la mía, parecía que iba a darme un golpe con una de sus enormes manos-pezuña mostrando su molestia ante el comentario, Shilvara, detrás de mí, reía por lo bajo divertida y haciendo gestos como exagerando mis palabras para provocar más a Thylanka, en vez de ello, relajó la expresión de su rostro, lanzó un leve suspiro y cerró los ojos. Fue chocante ver como la forma de la enorme Tauren empezaba a cambiar y reducir su tamaño, convirtiéndose al final en un esbelto Guepardo, no mucho mayor que un potrillo. Tras la transformación se lamió una de sus patas delanteras y volvió a mirarnos a ambos, con una voz casi susurrante nos volvió a incitar a irnos.
-No os preocupeis por mí, yo seguiré vuestro paso en esta forma, ahora por favor, dejaos de juegos y pongámonos en marcha, hay gente que corre peligro ahora mismo y cada instante es vital.
Nos despedimos de Sandulf y Atheriel, que emprendieron el camino hacia Orgrimmar por la ruta más directa, atravesando las montañas, el instinto de cazador del orco les cuidaría de volver a ser capturados y mantenerse alejados del peligro, Thylanka le dedicó una última mirada al lugar donde yacían los restos de Raoden y con un gruñido nos instó a movernos.
Durante varias jornadas de viaje estuvimos más que ociosos, no encontramos siquiera una maldita alimaña que se nos cruzara en nuestro avance, cruzamos todo Vallefresno sin ver un alma, incluso en la frontera con los baldíos sólo vimos a los centinelas orcos apostados en sus torres, tumbados y casi dormitando por la poca actividad. La conversación tampoco abundaba mucho con Thylanka pues se pasaba el tiempo recogiendo muestras de semillas, avanzando su paso para inspeccionar el terreno más adelante y apareciendo sólo para apremiarnos. Al menos aproveché para poder ponernos al día Shilvara y yo, desde mi regreso apenas le había dedicado tiempo por todo lo ocurrido y echaba en falta nuestras historias y discusiones por intentar tener la razón, ella siempre tan fría y con su lógica, desprovista de toda visión espiritual y cegada a las grandes maravillas que proporciona el conocimiento del camino del seguidor de la Luz Sagrada. Nos acercábamos a El Cruce y teníamos una de nuestras acaloradas disputas:
-¿Pero como puedes estar tan ciego y ser tan tozudo?, tu fe sólo es una excusa para tenerte dominado y sumiso, lo único que importa en esta vida es sobrevivir y disfrutar de los placeres que ella proporciona.
-De nuevo te equivocas hermana, mi placer radica en saber que hago las cosas correctas y con un fin puro, en cambio tú...
-¡Oye!, ¿acaso estás insinuando que las cosas que hago están mal?, ¿que soy una indecente?, ¿eso piensas?, ¡siempre estás igual con tus ideales estúpidos y retrógados, que intentes ser un sabelotodo no significa que tengas razón siempre.
-No he querido decir que seas una indecente, sólo que algunos de tus métodos y comportamientos pueden ser considerados éticamente reprochables según quien...
-¡Me resbala lo que piense un mojigato reprimido que se escuda en sus libros sagrados y normas incuestionables para intentar explicar cualquier cosa!, hasta ahora todo cuanto he hecho me ha reportado algún beneficio.
-Por eso mismo Shilv, ¿si hubieras hecho todas esas cosas intentando ayudar a alguien no crees que hubiera sido más satisfac...
-¡Chitón!, hay algo que no anda bien ahí delante, mira.
En el momento que me indicaba guardar silencio ya había empezado a tantear la empuñadura de mi espada, mi hermana podía ser a veces irracional cuando se le llevaba la contraria pero jamás mandaba callarme a no ser que fuera por algo importante. Miré hacia delante para ver una nube de polvo en uno de los laterales del camino, un poco más adelante, giré de nuevo mi cabeza para indicar a Shilvara que también había visto lo mismo pero ni ella ni el enorme lobo se encontraban allí, apenas un par de segundos le había hecho falta para que Kradath se alejara a toda velocidad,camuflarse entre las dunas y montículos de la zona y seguramente calcular ya la distancia entre su posible víctima y ella, un apagado rugido sonó a mi espalda indicándome que Thylanka se encontraba también acechando con sigilo. Dos figuras se empezaban a adivinar al ir desapareciendo poco a poco la nube de polvo y arena, por las largas y oscuras orejas supe al instante que era un miembro de los elfos de la noche, por su figura también pude saber que se trataba de una mujer e iba ataviada por una larga túnica, aferrándose también a un largo bastón. A su lado había un fornido humano que sujetaba con una mano el cadaver de un orco y con otra sujetaba una enorme maza coronada con varios cuernos de aspecto temible. No dudé ni un instante más y cargué contra ellos furioso, desenfundando mi espada a la vez que gritaba señalando mi ataque a los demás.
-¡Vais a pagar por vuestros crímenes malditos bastardos, la última sangre que vereis derramar será la vuestra!.
Espoleando a Khyr'Atod y dirigiéndome de frente contra ellos me parecía apreciar como que hacían gestos extraños con sus manos, como no estaba entendiendo nada de lo que decían volví a gritar y aceleré mi paso, cuando apenas me quedaba unos pocos pasos para embestir un potente golpe impactó en mi lado derecho y unas fauces surgieron de la nada haciendo que cayera de mi montura e intentando de modo desesperado zafarme de mi atacante, una enorme pantera morada que se convirtió al instante en un Oso enorme, otro golpe de su gran zarpa hizo que saliera despedido a un lado a la vez que sentía como mi carne se desgarraba donde sus garras habían encontrado resistencia, con un rápido movimiento golpeé la gran boca abierta que buscaba mi cuello con la empuñadura de la espada, aturdiendo durante un instante a la feroz criatura y dándome la oportunidad de apartarme para recuperar la guardia. Un gemido animal de dolor me hizo girarme y ver como el humano había golpeado con su maza a Thylanka que se encontraba bajo la forma de una leona, lanzándola a una gran distancia y dejándola en el suelo quejándose por el gran dolor. El gran oso dió unos pasos atrás, dándome a entender que iba a volver a cargar sobre mí y me preparé para la embestida con el arma en posición de contraataque, un grito sonó por encima de la tensión de la batalla.
-¡Deteneos o la comprobaremos si la elfa es capaz de sanar más sangre de la que puede derramar!.
Comprobé con sorpresa como Shilvara se encontraba detrás de la elfa de noche, rodeándola con uno de sus brazos y con el otro apuntando a su garganta con una de sus armas de puño. Un silencio se apoderó de la situación y todos quedamos congelados en nuestros sitios, con miedo de hacer el más mínimo movimiento por la incertidumbre del desenlace. Tras unos instantes de duda el enorme oso agachó su cabeza y comenzó a transformarse de nuevo ante mis ojos, quedando un alto y barbudo elfo de noche que levantaba las manos en actitud de rendición. A su vez, el humano bajaba su arma también y mostraba los dientes en un gesto de rabia contenida.
-Tú ganas asesina, haz lo que quieras conmigo pero sólo una cosa te pido, deja ir a la sacerdotisa que nada tiene que ver.
-Hablais muy bien el orco maldito asesino, aunque eso no evitará que os juzguemos por las atrocidades aquí cometidas. -Apunté con la punta de mi espada al elfo y escupiendo a un lado-
-Nosotros no los hemos matado, sólo quisimos saber qué les había atacado.
-¿El diablo intentando engañar?, ¡que sorpresa!, si pensa...
-Déjame a mi hermano. Tú, elfo deforme, ponte a la pata coja, ahora. -La voz de Shilvara sonaba apagada, dándole un tono agresivo, el elfo de la noche tras poner una expresión de duda ante la petición, accedió soltando un suspiro-. Ahora imita un gato, ¿qué miras?, ¡hazlo!. -El elfo de la noche de nuevo cumplió la extraña orden de Shilvara y empezó a maullar como un gato ,empezaba a pensar que quería humillarlos antes de matarlos. De un rápido reojo pude ver a Thylanka dolorida pero observando el espectáculo mientras se aplicaba una especie de ungüento en una de sus pezuñas-.
-Si no te importa me gustaría al menos conservar algo de mi dignidad si es que vais a matarme.
-¡Ohhhh!, ¿No crees que es adorable Serge?, mira que gatito tan mono. Thullby, deberías verte las pintas que tienes. -Con un movimiento rápido soltó a la elfa, ví como se quedaba menos de un segundo totalmente quieta y en completa tensión y al instante la ví aparecer a la espalda del elfo de la noche, abrazándolo con todas sus fuerzas antes que pudiera apoyar de nuevo la pierna levantada, cayendo ambos al suelo-, ¿Qué haceis aquí despojos de la alianza?.
-¿Shilvara?, ¡Por Elune que debería haberme temido que eras tú cuando empezaste a pedirme esas estupideces!, ¡que la naturaleza te trague por el susto que me acabais de meter en el cuerpo!. -La sacerdotisa y el humano relajaron sus facciones e incluso sonrieron ante la escena tan peculiar-.
-Vamos Thullborn, te paseas por tierras de la Horda en los tiempos que corren, ¿y te extrañas de ser asaltados?. Ah bueno, se me olvidaba. Sergestus, que es el botarate de mi hermano, Thylanka, una recién compañera de viaje unida, os presento a Thullborn, Aixa y Aleksan, aunque resulte extraño son amigos, de lo poco que se puede considerar decente de la Alianza, nos ayudamos mutuamente en el pasado con cierto problemilla que tuvimos en las lejanas y malditas Tierras de la Peste. Nos quedamos encerrados en unas ruinas resistiendo como pudimos el asalto de una legión de soldados de la plaga en lo que era una simple misión de reconocimiento por parte de la estirada de Sylvannas, al final queriendo o no, aprendimos a cooperar y por eso sobrevivimos, además, por su naturaleza diplomática, obtuvieron buenas relaciones con una familia orca y les enseñaron el idioma, algo también muy a tener en cuenta. Bueno, dejémonos de cháchara, ¿qué os trae por las desiertas tierras de Los Baldíos?, pensaba que os iba más eso de los aburridos bosques o -mirando al caballero humano-, las tabernas de esa ciudad de perdición que llamais Ventormenta.
-Veo que tu lengua sigue tan afilada como de costumbre, te invitaría a venirte a tomar unas copas conmigo para demostrarte qué es pasarlo bien pero tengo miedo que si bebes demasiado y te muerdes, te acabes envenenando. -El humano se dirigió a mi hermana en tono claremente socarrón-. Ah, lamento si te hice daño Tauren, pero siempre reacciono mal cuando veo saltar sobre mí una leona furiosa.
-Nuestro cometido aquí, aliada Sin'Dorei, es la investigación de ciertos sucesos extraños que han ido apareciendo en diferentes lugares y que ahora de nuevo hemos encontrado en los cadáveres que inspeccionábamos, por la Luz Sagrada que las marcas que encontramos en sus víctimas son realmente extrañas. Hace unas semanas apareció el primer caso, un pobre campesino humano que apareció destripado y abandonado en medio del campo, a los pocos días a cientos de pasos de distancia, encontramos a un minero enano en condiciones similares. Desde entonces nos interesamos en el caso y hasta aquí seguimos con él. Aún a pesar de su conducta errática parece orientarse en dirección Sureste.
Me acerqué a revisar el estado de los cuerpos y efectivamente, pude comprobar que la carne estaba llena de marcas hechas por algún tipo de garra enorme y que había producido que alrededor de las heridas se crearan marcas de infección y restos de carne podrida de forma acelerada. Se podía entreveer también que apenas tuvo tiempo de defenderse y viendo el corpulento orco, con lo que seguramente fuera sorprendido por algún tipo de bestia enorme. Cuando toque una de las marcas una sensación extraña recorrió mi piel, como un súbito escalofrío, me dí cuenta entonces que el humano y la sacerdotisa también habían percibido la misma extraña sensación, pues me miraban con cierto aire de complicidad al saber los tres la marca de oscuridad latente en el cadaver.
-Dama Aixa, aunque no vea con buenos ojos ningún tipo de relación con el enemigo debo admitir que es un caso muy extraño y que merece ser estudiado con detalle, además, si mi hermana es capaz de confiar en vosotros no puedo más que ofreceros mi ayuda. Lamentablemente estamos ahora mismo viajando a otros... asuntos algo más espinosos que requieren de nuestra atención -omití el detalle de encontrarnos en un viaje a una matanza segura de humanos y cualquier escoria que osara ayudar a esos piratas-.
-Vamos Sergestus, a ellos podemos decirles la verdad, total, los miembros de la alianza carecen de sentimientos y esas zarandajas, no les importa que les digamos que vamos a matar cuanto pirata y bucanero humano que se interponga en nuestro objetivo de liberar a unos prisioneros -Todos nos quedamos con cara de sorpresa ante la forma indiferente de explicar que ibamos con intención de hacer una masacre de miembros de su raza, el silencio reinó de nuevo de modo incómodo y de repente las carcajadas del humano rompieron la situación violenta-.
-Definitivamente no has cambiado nada elfa, sigues tan traviesa como siempre con tus comentarios afilados como cuchillos, espero que algún día te cueles por Ventormenta y vengas a verme para que pueda invitarte a tomar algo, que estoy seguro que la insípida hidromiel que hacen en Lunargenta te dejará con ganas de probar algo de verdad.
-Si voy a Ventormenta seguramente acabe mat... oufff! -con mi brazo la agarré y la apreté contra mí a modo de abrazo brusco, aunque quedara algo forzado el gesto no quería ni siquiera pensar en la posibilidad de provocar una pelea por alguno de sus comentarios enervantes, el elfo de la noche me miró fijamente Y me sonrió acompañando de un leve suspiro-.
-Veo que os preocupais por vuestra hermana Sir Sergestus, aunque debo deciros que esteis tranquilo, ya conocemos bastante de su forma de pensar y actuar, por eso somos conscientes que si de verdad la sangre debe de correr, será por algún motivo de peso. Por otra parte, si no necesitais alguna cosa más de nosotros debereis disculparnos pero debemos seguir con nuestra investigación, espero que comprendais que más vidas pueden correr peligro si esta criatura sigue en libertad.
-No os preocupeis hermano de la naturaleza ya que comprendemos vuestras motivaciones y miedos, partid y continuad vuestro cometido pues no os retrasaremos más, nosotros también tenemos algo importante entre manos y es momento, tras este grato encuentro, de seguir con nuestros respectivos caminos -Fue Thylanka esta vez la que dió a entender de modo sutil su deseo de continuar el viaje cuanto antes-.
-Aún siendo de bandos distintos debo admitir que vuestro propósito es muy loable y vuestro espíritu noble, por ello no tengo inconveniente en desearos suerte y que mis bendiciones os acompañen, que la gracia de la Luz Sagrada os guíe y os proteja, "Aliados" -Dejé cierto toque en la voz ambigüo, no acababa de aceptar la idea de miembros de la alianza socializándose con nosotros.
-Que la Luz Sagrada nos bañe a todos con su sabiduría y su virtud, marchad con nuestras bendiciones también y cuidad que vuestra hermana no se meta en líos... al menos no demasiados.
De ese modo nos separamos los dos grupos, con objetivos diferentes pero en cierto modo con la sensación de seguir caminos que volverían a cruzarse y era esa oscura esencia que captamos en los cadáveres de esos pobres viajeros la que nos señalaba que así sería. De nuevo volvía a tener esa inquietud en mi alma, algo iba a suceder y no tardaría demasiado en revelarse.
